CONCLUSIÓN
De acuerdo con Salgado Benítez, Guerrero López y Salgado Hernández (2016), la empresa es más que una organización productiva: es un espacio donde convergen recursos, personas y propósitos sociales. Sus orígenes y desarrollo están estrechamente vinculados con la figura del administrador, quien, desde los antecedentes históricos de la administración, ha evolucionado de un gestor empírico a un profesional que fundamenta sus decisiones en el conocimiento científico y en el análisis sistemático de la realidad organizacional.
La importancia de la administración radica en que constituye el eje que da coherencia, eficiencia y sentido a los procesos empresariales, permitiendo alcanzar objetivos estratégicos en un entorno dinámico y complejo. Sin administración no es posible coordinar los recursos, innovar de forma sostenida ni garantizar la permanencia de la empresa en el mercado.
Por su parte, la ética profesional se convierte en el principio rector que orienta las decisiones y prácticas gerenciales hacia el bien común, la equidad y la responsabilidad social. En un contexto donde la competitividad y la rentabilidad suelen predominar, la ética asegura que la empresa no solo cumpla metas económicas, sino que también aporte a la dignidad del trabajo humano, al respeto por las leyes y a la sostenibilidad ambiental.
En suma, la empresa, la administración y la ética no deben concebirse como elementos aislados, sino como un sistema integrado. El administrador profesional del siglo XXI, siguiendo el marco de Salgado y colaboradores, debe ser capaz de articular el conocimiento técnico con la sensibilidad ética y social, logrando que la gestión empresarial sea, al mismo tiempo, eficiente, humana y responsable.
Referencia:
Salgado Benítez, J., Guerrero López, L., & Salgado Hernández, N. (2016). Fundamentos de Administración. Grupo Editorial Éxodo.
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